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Diario desde Jacmel, Haití:
Ese par de niños
Ahora estamos camino a Jacmel, vamos hablando de nuestras vidas, cuando nos interrumpimos, el carro se queda en silencio. Entre unos lugares y otros las cosas no son tan distintas.
En el camino nos detenemos para esperar a un compañero, bajamos en una curva. Una familia descansa bajo la sombra de un árbol. Van a Jacmel; nosotros también. Un hombre alto se nos acerca al ver el logotipo de PROYECTO SOLIDARIO en el carro, es el padre. Nos habla de sus necesidades cuando una pila en el suelo capta mi mirada, una bella durmiente que tendrá 6 meses duerme en ella sobre la ropa. Es un poco de lo que les ha quedado, nos dicen.
En Jacmel sigue lo mismo, gente ayudando, gente pidiendo, y por el carro los niños corriendo tras nosotros. Pregunto qué es lo que nos dicen– hey blanquito, dame agua, ayúdame –.
Constantemente vivimos escenas parecidas. Esta tarde nos reunimos con algunas organizaciones, y ya con el alejamiento del sol cuando al oscurecer, continuamos, la tragedia cobra fuerza, me recuerda al miedo a la oscuridad cuando niño; no hay agua, no hay luz, no hay cama. En nuestro recorrido llegamos al estadio que ha sido tomado por los habitantes del lugar, este será su hogar quien sabe por cuánto tiempo. Conforme la noche va cayendo la gente va llenando el estadio. Yo llego con ellos. Está lleno, y me trepo en una pared para disparar mi cámara. Estoy acostumbrado a caminar por un lugar como éste en medio de la adrenalina de algún evento deportivo. Hoy entiendo que éste es un partido distinto, quizá el más importante de sus vidas; sin réferi, sin tiempos, sin reglas. Los veo allí abajo, los rincones son los baños, el pudor ha desaparecido.
Ya casi no se puede ver, no hay energía eléctrica en la ciudad, algunas lamparitas se encienden, los adultos van apareciendo cada vez más por la entrada, algunos pequeños reconocen a sus padres y corren a abrazarlo, apenas pueden mover los pies, son pequeños aún, pero algo les dicen, pido que me traduzcan mientras los alzan en brazos, - vamos a la casa –. No sé para qué pregunté, el silencio me hubiera traducido mejor. Hay otros que no corren, se me hace raro al inicio, pero cuando me acerco a una carpa entiendo, la madre me explica que solo 2 de los 4 niños son sus hijos, – a esos 2 los hemos sacado de los escombros – me dice – toda su familia han muerto sepultada – agrega – y no podemos dejarlos – finaliza – nunca como hoy quise hablarle al silencio, ya no pregunto mucho, me alejo y observo a aquellos 2 pequeños; si serán conscientes de lo que les tocó y les toca vivir, quién les dará una explicación. La mamá postiza alcanza a decirme que no conoce a sus padres. Me quedo mudo, me derrumbo y lo último que alcanzo a ver son sus piecitos descalzos presurosos que se pierden bajo el plástico blanco. No han perdido solo sus casas, no lo entienden aún pero se perdió mamá, se perdió su amor, su nombre, su vida… aunque aún respiren.
Más de 200 mil niños viven esta situación. Cuando terminamos nuestra tarea aquí, nos dirigimos hacia la salida, como perdedores de aquel estadio. Entre nosotros, cada cual habrá observado distintas historias, pero pareciera que todos en conjunto hubiéramos decidido dejar caer los brazos.
Hace tres horas que dejamos el lugar y ese par de niños están aún en mi cabeza. Ese par de niños son la energía para seguir trabajando, con las gestiones y los informes hasta la madrugada. Ese par de niños son la razón de estar durmiendo lejos de casa. Por ese par de niños hay que despertarse temprano para la reunión con España.
Jacmel, enero 2010. Ángel Pasquel, misión de PROYECTO SOLIDARIO en Haití.
© 2010 FUNDACIÓN PROYECTO SOLIDARIO POR LA INFANCIA
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